Los mozos de Monleón

Referencia: 
0047r
Archivo de audio: 
Informante: 
Paula Jiménez López
Edad del informante: 
89
Localidad: 
Jamilena
Provincia: 
Jaén, España
Recopilador: 
José Checa Beltrán y Joaquina Checa Beltrán
Fecha de registro: 
Sábado, 22 Mayo, 2004
Resumen: 

Una madre viuda quiere con locura a su único hijo. Cierto día, este le pide que le deje ropa para ir a torear. Su madre se opone porque tiene miedo de que muera en la plaza y, ante la insistencia del hijo, lo maldice para asustarlo y que así desista de su intento: le asegura que si va a la corrida, lo traeran muerto en un carro. El hijo busca ropa prestada y acude a la corrida. En algunas versiones, cuando los mozos se dirigen hacia la plaza, el caporal les aconseja que no entren a torear porque el toro es demasiado bravo. Durante la corrida, el toro empitona al muchacho y muere. En ocasiones, el moribundo pide confesión y los mozos tratan de llevarlo a la iglesia o llaman al sacerdote para que se presente en la plaza, pero no llegan a tiempo. Recogen el cuerpo sin vida del aficionado, lo suben en un carro y se acercan a la puerta de la viuda, a quien se lo entregan para que lo amortaje. La mujer se lamenta de haber maldecido a su hijo. A los pocos días, enloquece y sale al campo bramando como un toro. El narrador aconseja a las madres que no maldigan a sus hijos.

Bibliografía: 

IGRH: 0371

Fuentes primarias  
Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 44); Atero Burgos (2003: n.º 114); Checa Beltrán (2005: n.º 26); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 132); Piñero Ramírez (1996: n.º 111); Piñero Ramírez (2004: n.º 75); Piñero Ramírez (2014: n.º 72).

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
1.8. Casos y sucesos
¶: 

En el pueblo de Segovia,     una viudita vivía
que tenía tan sólo un hijo,     el consuelo de su vida.
El muchacho, que ha salido     un poquito aficionado,
que quería ser torero     pa matar los toros raudos.
Un domingo por la tarde     a su madre le decía:
Madre, dame usted la ropa     que me voy a la corrida.
La ropa no te la doy     ni a la corrida tú vas
porque son torillos bravos     y a ti te van a matar.
A la corrida he de ir,     buscaré ropa prestá.
―Pagará la eterna vida     pa poder ir a torear.
Permita el Dios de los cielos     y la Virgen del Rosario
que si vas a la corrida     que te traigan en un carro.
Ya viene Manuel García     a matar el toro negro.
L´ha metido una cornada     por el costado de izquierdo.
Ya lo suben para arriba,     ya lo bajan para abajo.
En la puerta la viudita,     allí pararon el carro.
―Buenos días, la viudita.     No son buenos, que son malos.
―Aquí tiene usted a su hijo,     ya puede usted amortajarlo―.
Ya le preparan la ropa,     ya le preparan la caja.
―Esta fue la maldición     que le eché al salir de casa.
A los ocho o nueve días     salió la viudita al campo,
bateaba y berreaba     como aquel torillo bravo.
Madres que tengáis hijos,     un ejemplo os voy a dar,
que no le echéis maldiciones     que le pueden alcanzar
porque Dios está en los cielos     y no lo debemos de olvidar.