Los cigarrones de oro

Referencia: 
0090r
Archivo de audio: 
Informante: 
Custodia Aranda García
Edad del informante: 
70
Localidad: 
Castillo de Locubín
Provincia: 
Jaén, España
Recopilador: 
Nani Canovaca
Fecha de registro: 
Sábado, 1 Enero, 1994
Resumen: 

Unos labradores descubren con estupefacción que el sol se nubla. Se trata de una gran plaga de cigarrones que acude a comerse el sembrado. Un labrador desesperado pide a la Virgen de las Mercedes que retire la plaga, prometiéndole a cambio unos cigarrones de oro. La Virgen obra el milagro y el campesino acude a Alcalá la Real, municipio del que esta virgen es patrona, para llevarle la ofrenda.

Notas: 

IGRH: 0000

Fuentes primarias
Atero Burgos (2003: n.º 320); Checa Beltrán (2005: n.º 54).

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
2.7. Romances de milagros y apariciones
¶: 

San Antonio precioso,     suplicaba a Dios inmenso
que con tu gracia divina     al hombre dio entendimiento,
para que mi lengua     refiera el milagro;
y en el huerto obrastis,     edad de ocho años.
Esto era un labrador     rico, honrado y prudente,
que mantenía su casa    con el sudor de su frente;
y tenía un huerto     onde él recogía
cosechas de frutas     que el tiempo traía.
Y una mañana trempano     vieron que el sol se tapó,
y un nublo de cigarrones     a los sembrados cayó;
y todos llorando     decían: —¡Dios mío!
estos cigarrones      nos dejan perdidos—.
Y un labrador muy honrado     [¿llorandito?] decía:
—¡Oh, Virgen de las Mercedes,     socórrenos, madre mía!
Bien sabes, Señora,      que por vuestros días,
siempre voy a verte     con mucha alegría.
Virgen mía, si quisieras     estos bichos retirar,
tres cigarrones de oro     te juro te he de comprar—.
En aquel momento,     queda el sol tapado
y los cigarrones     todos se han marchado;
y entonces el labrador,     recorriendo sus sembrados,
ve que los cigarrones     a la siembra no han tocado.
En aquel momento,     lleno de alegría,
se marchó a Granada     a una platería.
Compró los tres cigarrones     y se fue a Consolación,
y en altar de la virgen     una salve le rezó.
—Toma, madre mía,     lo que te ganaste,
y te doy las gracias,     que nos remediaste—.
Siempre que iba a Alcalá,     a Consolación llegaba;
en el altar de la Virgen     una salve le rezaba,
que es una patrona     que no tiene igual,
y a su santa gloria     nos ha de llevar.
Y a todos sus hijos     eso le encargaba,
que aquella patrona     que no la olvidaran.