San Isidro labrador

Referencia: 
1131r
Archivo de audio: 
Informante: 
María Dolores Jiménez Arroyo
Edad del informante: 
45
Localidad: 
Jamilena
Provincia: 
Jaén, España
Recopilador: 
José Checa Beltrán y Joaquina Checa Beltrán
Fecha de registro: 
Sábado, 3 Enero, 1981
Resumen: 

San Isidro suele arar pasado el mediodía. Los otros labradores, viendo que a pesar de salir más tarde saca más provecho de la faena que ellos, acuden a su amo para quejarse de la situación. El amo decide salir para comprobar los hechos. Le pregunta a su criado quién le ayuda con las tareas y este le responde que Dios. A continuación, el señor observa cómo Isidro, con un solo arado, es capaz de hacer tres surcos. Queda maravillado y, una vez en casa, le cuenta a su mujer que su criado es santo. En algunas versiones, al día siguiente, el amo decide mandar a Isidro a labrar una tierra donde no hay agua. El amo se acerca a Isidro para preguntarle por la tarea y le dice que está sediento. El santo golpea unas rocas con su vara y hace brotar una fuente de agua. La mañana siguiente, redoblan las campanas para festejar el don de Isidro.

Notas: 

Debido a problemas técnicos, la palabra encerrada entre corchetes no aparece registrada en el archivo sonoro.

Bibliografía: 

IGRH: 0000

Versión publicada en Checa Beltrán (2005: p. 193)

Fuentes primarias
Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 36); Atero Burgos (2003: n.º 326); Checa Beltrán (2005: n.º 55).

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
2.7. Romances de milagros y apariciones
¶: 
San Isidro [labrador]     labraba en su quintería.
Cuando iba a trabajar,     era después el mediodía.
Los vecinos de alredor,     todos le tienen envidia
de ver que sus galanciales     salen después el mediodía.
Han ido a casa del amo     y lo fueron a imponer,
diciendo que su criado     no cumple con su deber.
Y el amo no ha sido torpe     y fue a enterarse del caso
y, al llegar a la besana,     tres pares de bueyes blancos.
Y ha ido a pasar el río,     como era acostumbrado,
y a darle los buenos días     a Isidro, que estaba arando:
—Buenos días tenga, Isidro.     —Buenos días traiga el amo.
—¿Quién es el que te ayuda a ti     para hacerte tus trabajos?
—(Y) a mí no me ayuda naide     para hacerme mis trabajos,
tan solo el rey de los cielos     que me da salud y amparo—.
Se ha rodeado su amo,     de alegría va llorando,
diciéndole a su señora     que su criado era santo.
Y, a otro día de mañana,     repicaron las campanas:
que vayan por san Isidro,     que lo ha mandado su ama.