Muerte del Pernales

Referencia: 
0882r
Archivo de audio: 
Informante: 
Eusebia Rico Vicente
Edad del informante: 
91
Localidad: 
Nava del Rey
Provincia: 
Valladolid, España
Recopilador: 
Joaquín Díaz y José Delfín Val
Fecha de registro: 
Sábado, 1 Enero, 1977
Resumen: 

El Pernales está huyendo con otro bandido. Se encuentran con un leñador y le preguntan por el camino más corto para llegar hasta la sierra. En cuanto parten los bandoleros, el campesino los delata ante las autoridades. Varias parejas de guardiaciviles salen en su busca. Una vez localizan a los bandidos, estos tratan de huir. En la refriega hieren a un guardiacivil, de manera que sus compañeros abren fuego contra los bandoleros y los matan.

Notas: 

Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00003 15).

Título indicado en las anotaciones de campo: "El Pernales".

Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

Notas léxicas:

dilató: por delató.

rigoso​: quizá por riguroso.

Otros datos de la informante:

Eusebia Rico es natural de Nava del Rey, aunque sus padres eran de Pollos. De joven estuvo viviendo diez años en Vizcaya. También vivió en Rueda, de donde era su marido y donde tuvo a sus hijos. En el momento de la grabación, residía en Valladolid junto con una hija soltera.

Con respecto a las canciones, declara que se solía reunir en Rueda con otros músicos para cantar jotas, sirviéndose de panderetas, guitarras, bandurrias y violines, mientras que un grupo de chicas bailaba. Ella solía cantar y tocar la pandereta.

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
2.6. Guapos y valentones
¶: 
El treinta y uno de agosto,     será un día muy memorable.
Hubo un lugar (y) en la Mancha,     un rigoso* desenlace.
Los Campos de Alcanzar,     que es provincia de Albacete.
¡Qué día tan desgraciado     y de mala suerte
para el pobre Pernales,     donde aquel día se halló la muerte!
Su pobre madre llora     como una andorra
y maldice la suerte     del leñador.
¡Qué ser tan infame,      de mal corazón;
tendría aquel hombre     que lo dilató*!
Era un campesino     que cortando leña
se hallaba aquel día     cerca de la sierra.
Se le acercan dos jinetes,     preguntándole en seguida
por el camino más cerca     que a la sierra conducía.
El leñador, muy amable,     al momento se la dio.
Dándole un cigarro puro,     cinco pesetas por el favor,
diciendo: —Yo soy Pernales.     Hasta otro día; quede con Dios—.
Con un corazón infame     y lleno de mala intención,
marchó el leñador al pueblo     y al Pernales dilató
diciendo que iba con otro,     que su nombre no le dio.
Al momento, [¿siete parejas?]     se habían dispuesto,    
al mando de un teniente     los siete guardias salen corriendo.
Se internaron en la sierra     con valentía,
sin mirar que sus vidas     peligro corrían.
Al poquito tiempo     de haber caminado,
ven a una pareja,     está descansando.     
Al pronto,     creía la Guardia Civil
que eran cazadores     esos que había allí.
Cuando ven a las parejas     aquellos dos bandoleros,
echaron mano a los rifles     y empezaron a hacer fuego.
Al pronto, un guardia civil     cayó levemente herido.
Viéndole sus compañeros,     que eran valientes y decididos,
hicieron una descarga     y dieron muerte a los dos bandidos.