Las señas del esposo

Referencia: 
0323r
Archivo de audio: 
Informante: 
Ana Casado Marín
Edad del informante: 
51
Localidad: 
El Higueral, Iznájar
Provincia: 
Córdoba, España
Recopilador: 
Alberto Alonso Fernández, Antonio Cruz Casado, Francisco González Cerezo y Juana Toledano
Fecha de registro: 
Jueves, 1 Mayo, 1975
Resumen: 

Una mujer, que en algunas ocasiones es una coronela que se encuentra en la puerta del cuartel; en otras, una bordadora que está en su taller; y en otras, una señora que está bordando asomada al balcón de su casa, ve aparecer a un soldado. Le pregunta si ha visto a su esposo, que lleva siete años en la guerra. El soldado le pide que le dé sus señas y ella accede. La descripción del esposo varía en función de las versiones, aunque suele ser alto, rubio y aragonés, y llevar consigo alguna prenda que su esposa le bordó en seda. A partir de aquí, el marido decide poner a prueba la fidelidad de su mujer. En la mayoría de versiones, el caballero le confiesa que su marido ha muerto en batalla y que en su testamento dejó expreso su deseo de que contrajera matrimonio con él. La esposa se niega, asegurándole que esperará a su cónyuge otros siete años y después ingresará en un convento. El soldado le interroga sobre el futuro de sus hijos, y ella responde que uno será fraile o estudioso; otro, servirá a sus padres, etc. Finalmente, el marido, halagado por la firmeza de su esposa, le revela su verdadera identidad. En otras versiones, el caballero le pregunta a su mujer qué daría por volver a ver a su marido. Ella le ofrece, una a una, todas sus posesiones. Finalmente, el soldado declara que solo la quiere a ella, pero la esposa lo rechaza porque le debe fidelidad a su marido. Este le revela su verdadera identidad y marchan hacia su castillo donde se ponen al día de todo lo que les ha ocurrido durante el tiempo que no han estado juntos.

Notas: 

En esta versión, la informante repite los octosílabos 3-4, 7-8, 11-12 y 35-36.

Comentario musicológico de Luis Moreno Moreno:
Este es uno de los romances más difundidos. Aparece en numerosos romanceros y cancioneros asociado a melodías muy diversas, algunas más o menos emparentadas entre sí, otras sin parentesco alguno. En muchos casos es incluso difícil determinar si hay relación, pues donde se repite una fórmula rítmica, no se reconoce el perfil y, por el contrario, giros parecidos se presentan en distinto contexto. Manzano llega a hablar de “creatividad desbordante” y lo pone como muestra del hecho de que “textos y músicas de tradición oral siguen diferentes vías de difusión” (MANZANO ALONSO 1988: 108). En efecto, en el conjunto de estas melodías asociadas a un único romance encontramos un completo muestrario de los distintos estilos musicales presentes en el romancero y algunos de sus hallazgos más felices. Las tres versiones que hemos recogido en la provincia de Córdoba presentan gran interés como se verá en el análisis que sigue. Otras dos versiones cordobesas fueron recogidas en Fuente Palmera y La Rambla respectivamente, pero no quedó registrada la melodía. En la versión de la Rambla a la esposa se la denomina “coronela”, coincidiendo en esto con las versiones burgalesas que Manzano califica de romances infantiles.
La primera de las tres versiones melódicas que tenemos de este romance es la recogida en El Higueral, aldea de Iznájar. Varios rasgos apuntan hacia la calificación de esta melodía como correspondiente al modo mayor; aunque la cadencia final corresponde al modo de mi. Estamos, pues, ante un caso claro de ambigüedad tonal: los primeros incisos (comienzo en la tónica y final en la dominante) y el intervalo de sexta mayor potencian la sonoridad tonal mayor, pero los incisos finales y sobretodo el descenso cadencial final apuntan hacia la sonoridad modal del modo de mi.
Se desarrolla en el ámbito de una octava.
Esta sería la estructura de la melodía:
A  B  C  D  C  D
         ―>   ―>
a  b   c  d   c  d
Vemos que también en este romance se repiten los dos últimos incisos, lo que conlleva la repetición de un verso.
El perfil melódico se acomoda al descrito por ETZION & WEICH-SHAHAK (1988) como tipo V debido a la continuidad existente entre las dos últimas frases, que configuran un inciso único. Tras el inicio con la habitual repetición de nota, se alcanza el punto culminante en el segundo inciso. A continuación, aparece el arco de las frases 3ª y 4ª, soportado en su arranque exclusivamente por el salto de sexta mayor.
Rítmicamente, la melodía se ajusta a un compás ternario bastante uniforme, destacándose la figuración sincopada que aparece en los finales de frase. Todos ellos son por lo tanto femeninos. Los comienzos son regularmente téticos.
En cuanto al estilo, nos encontramos ante una melodía que podemos calificar como de estilo narrativo-melódico.
No podemos hacer un análisis de variantes pues disponemos de este único documento y no hemos encontrado en otros cancioneros este tipo melódico. Todo ello confirma la afirmación de Manzano sobre la multiplicidad de melodías con las que este romance es entonado.

Transcripción musical: Luis Moreno Moreno

Partitura: 
Bibliografía: 

IGRH: 0113

Fuentes primarias:
Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 7); Armistead (1978: P2 [I1-4]); Atero Burgos (2003: n.º 40); Checa Beltrán (2005: n.º 14); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 12, 13 y 14); Piñero Ramírez (1996: n.º 39); Piñero Ramírez (2004: n.º 35); Piñero Ramírez (2014: n.º 40); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 381).

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
1.4.2. Amor fiel, amores desgraciados, amores contrariados
¶: 

Estando una señorita     bordando un paño de seda,
ha pasado un caballero     que venía de la guerra.
―¿Y viene usted de la guerra?     ―Sí, señora, de ella vengo.
―¿No ha visto usted a mi marido?     Lleva seis años en ella.
―Sí, señora, sí lo he visto,     su marido muerto es,
lo llevaban los franceses     a casa de un coronel.
―¡Ay, por Dios!, no diga eso.     Mi marido muerto es.
Y a mis hijitas queridas,     ¿quién les enseñará la escuela?
―Y  a tus hijitas queridas     monjas de gran impotencia.
―Siete años he esperado     y otros siete esperaré;
si a los catorce no viene,     de monja me meteré―.
Y al otro día siguiente,     se levanta con la fresca,
y a rezarle a su marido,     que muerto quedó en la guerra.
Al revolver una esquina     a un caballero se encuentra:
―Buenos días, señorita,     ¿dónde va usted con la fresca?
―(Y) a rezarle a mi marido     que muerto quedó en la guerra.
―¿Quién te ha dado esas noticias,     quién te ha traído esa esquela?
―Un caballero, ayer tarde;     ¡de una mala lanzá muera!
―¡Ay, por Dios!, no digas eso,     que el caballero yo era,
que era para desengañarme     si eras mala o eras buena.