La devota de san Antonio

Referencia: 
1338r
Archivo de audio: 
Informante: 
Dolores Pérez Sánchez
Edad del informante: 
72
Localidad: 
Fuente Obejuna
Provincia: 
Córdoba, España
Recopilador: 
Alberto Alonso Fernández y Luis Moreno Moreno
Fecha de registro: 
Lunes, 1 Junio, 2009
Resumen: 

Una viuda pobre quiere prostituir a su hija. Esta le suplica socorro a la efigie de san Antonio que tiene en su cuarto. En ese mismo momento, la madre le anuncia que hay un caballero rico que ofrece una buena cantidad de dinero por su honor, y lo hace pasar. Una vez a solas, el caballero le asegura que no manchará su honor. La muchacha le suplica que la saque de casa, a cambio de lo cual, le ofrece su mano. Él le asegura que no puede casarse, pero le promete pagarle la dote para ingresar en un convento. Ambos salen de la casa, a veces el santo transforma a la joven en una paloma que sale por la ventana. Una vez llegan a los jardines del convento, el santo le revela su verdadera identidad. En algunas versiones, la madre se extraña de que el caballero no salga de la habitación. Al entrar en ella, se encuentra una carta en la que se le recrimina por su mala acción. Junto al papel, se arrastra una serpiente, la cual se enrolla a su cuello y la mata.

Notas: 

Debido a problemas técnicos, el final del verso 34 y parte del verso siguiente no han quedado registrados en el archivo sonoro.

La informante neutraliza /l/ y /r/ en posición implosiva y final a favor de [r].

Transcripción musical: Luis Moreno Moreno

Partitura: 
Bibliografía: 

IGRH: 5058

Fuentes primarias
Atero Burgos (2003: n.º 317); Checa Beltrán (2005: n.º 53); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 193).

Estudios
ATERO BURGOS, V. y VÁZQUEZ RECIO, N. (1997). Hacia una tipología del romancero milagroso en un corpus del sur. En José Manuel Lucía Megías (ed), Actas del VI Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (Alcalá de Henares, 12-16 de septiembre de 1995), vol 1., 191-200. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá.

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
2.7. Romances de milagros y apariciones
¶: 
En Cádiz hay una mujer     viuda y con una hija,
joven de buen parecer,     quince años tenía Rita.
Devota del santo     era aquella joven;
lo tenía en su pecho     como corresponde.
Lo tenía en su dormitorio     en una urna metido;
le rogaba a san Antonio:     ―Concédeme lo que pido:
de que mi mamá     mude el pensamiento,
quiere comerciar     con mi vida y mi cuerpo―.
Al momento entró la madre:     ―Dime qué has pensado, Rita.
Que estemos pasando hambre     siendo tú tan rebonita.
(Y) hay un caballero     que te quiere dar
cantidad dinero     por tu honestidad―.
Rita contestó llorosa:     ―Eres una mala madre;
en carne de tus entrañas,     ¿cómo vendes a tu sangre?
Que quieres que yo     por el vil dinero    
que pierda mi honor―.     Entró el caballero,    
la madre cerró la puerta.     Solo quedaron los dos.
El caballero se sienta:     ―Yo no mancho vuestro honor.    
Decirme el santo     de tu devoción.
―Solo San Antonio     es mi confesor.
―Me enteré de que tu madre     quería vender tu honor.
Yo paseaba la calle,     me hizo señas de amor.
Y yo entré en tu casa     y, sobre seguro,
le entregué a tu madre     cuatrocientos duros.
―Me vendió como a una esclava.     Conmigo podéis contar,
pero sacarme de casa,     de el lado de mi mamá.
Si sois soltero     y os queréis casar,
solo san Antonio     nos puede premiar.
―Y sí soy soltero;     yo no me puedo casar.
Si a monja os queréis entrar,     yo hablaré con la abadesa
y os pagaré el dote;     será lo mejor.
―Monja seré siempre,     (y) Antonio, en tu amor―.
Dice Rita: ―¿De qué forma     iré con vos en compaña?―.
Volviéndola una paloma,     la sacó […]
[…]     Y entraron al huerto
y, al entrar en el huerto,     el santo la ampara.
Le dice: ―Ole, ve, levanta,     que ya estás en salvación,
que yo soy el de tu urna;     san Antonio te salvó―.
Se hinca rodillas,     le pide perdón:
―Monja seré siempre,     (y) Antonio, en tu amor―.
Y la madre, de que ve     que no sale el caballero,
llegó la noche y abrió     la puerta del aposento.
Y, encima el bufete,     había una carta;
la coge y ve     un bicho que arrastra.
Le dice: ―Madre malvada,     tu hija está en salvación.
Tu hija ya está salvada,     ahora te devoro yo―.
Se le lio al cuerpo     y la quebrantó.
Mirar el ejemplo     que con ella obró.