La cruz de piedra

Referencia: 
1090r
Archivo de audio: 
Informante: 
Casimira Martín
Edad del informante: 
39
Localidad: 
Porzuna
Provincia: 
Ciudad Real, España
Recopilador: 
Alicia Ruiseco Azaña, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
Fecha de registro: 
Sábado, 14 Noviembre, 1981
Resumen: 

Una muchacha acude un baile donde se encuentra con un hombre rico que le declara su amor. Ella accede a sus ruegos, pensando que sus intenciones son honestas, pero el joven la abandona. La muchacha da a luz a una niña, a la que cría sola. La niña crece y se convierte en una bella joven. Sin embargo, debido a la grave enfermedad que mantiene a su madre en cama, se ve obligada a mendigar. Cierto día, se encuentra a un caballero que, con el pretexto de darle limosna, la lleva al monte para intentar abusar de ella. Una cruz de piedra que se encuentra en aquel lugar habla y declara que la muchacha es su hija. El hombre recapacita y visita a su antigua amante para pedirle perdón y casarse con ella. La madre sana y los tres viven juntos y felices.

Notas: 

Notas léxicas:

semplante: por semblante.

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
2.7. Romances de milagros y apariciones
¶: 
Pongan atención, señores,     que les vamos a explicar
este caso que ha ocurrido     cerca de Ciudad Real
con una joven muy bella     y un hombre sin corazón,
que fue a cometer un crimen,     pero la cruz lo evitó.
En este citado pueblo     vive una joven muy bella,
que es la admiración de todos     y de oficio, costurera.
Llega la fiesta del pueblo     y, en el baile de verbena,
un caballero muy rico     le pidió bailar con ella.
Y ya que iban bailando     y la vio que era tan bella,
la ofreció su corazón,     su honor, vida y riqueza.
Y la joven, que ignoraba     la falsedad del amor,
creía en su juramento;     le entregó su corazón.
Este hombre libertino     se reía del amor,
que a todas juraba amarlas     y a todas abandonó.
A los ocho o nueve meses,     dio a luz una hermosa niña,
que lo mismo que a su madre     la pusieron Rosalía.
Esta joven la criaba     pensando en su triste sino;
¿cómo decirle a su hija     su padre quién había sido?
Llega la joven a cumplir     dieciocho años de edad;
su madre le cae enferma     de bastante gravedad.
Los vecinos la ayudaban     en todo lo que podían,
pero también se cansaban     de darle todos los días.
Al fin llegó un triste día     que no tenía que darle.
Saliendo a pedir limosna     con el fin de alimentarla,
se ha encontrado un caballero,     le dice con mucha pena:
―Deme usted una limosnita,     que tengo a mi madre enferma―.
El caballero, que ve     aquella cara de cielo,
la dice: ―Vente conmigo,     que aquí no llevo dinero―.
El traidor la lleva a un bosque.     Ya que están en su interior,
junto a una cruz de piedra,      quiso hacer su ejecución.
Ya que iba al instante      aquel hecho acometer,
siente una voz que le dice:     ―Criminal, ¿qué va a hacer?―.
Aquel hombre enloquecido     tras de la cruz siente hablar:
―Mira que es tu misma hija     la que vas a deshonrar―.
Aquel hombre enloquecido,     con el semplante* de muerte,
coge a su hija en brazos,     en un abrazo muy fuerte:
―Vamos donde está tu madre,     hija de mi corazón,
a ver si puedo salvarla,     para pedirla perdón―.
Al ver la enferma en la cama,     se arrodilla junto a ella,
se arrodilló junto a ella     diciéndole estas palabras:
―Perdona, mujer querida,     lo que te he hecho sufrir;
y una mano del Señor     me ha traído hacia ti.
Vengan médicos y curas,     el juez y la autoridad,
que hoy en mi arrepentimiento     contigo me voy a casar.
Y tú ya tienes riquezas,     hija de mi corazón,
pero perdona a tu padre     por ser un mal vividor.
Cuentan que viven felices     los tres en gracia de Dios,
gracias a aquel gran milagro     que la cruz de piedra obró.