La condesita

Referencia: 
0964r
Archivo de audio: 
Informante: 
Juana Díaz Herrera
Edad del informante: 
82
Localidad: 
Alcolea de Calatrava
Provincia: 
Ciudad Real, España
Recopilador: 
María Paz Tapiador Plaza, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
Fecha de registro: 
Viernes, 21 Enero, 1983
Resumen: 

Un conde es reclamado por el rey para ir a la guerra, por lo que se ve obligado a abandonar a su esposa. Antes de marchar, le aconseja a su mujer que, cuando pasen unos años, se case con otro hombre si él no ha vuelto. Una vez cumplido el plazo indicado por el conde, el padre le pregunta a la condesa por qué no contrae matrimonio. Ella le pide permiso para salir a buscar a su marido, ya que está segura de que sigue vivo. Después de un largo peregrinaje, se encuentra con un vaquero y le pregunta por el dueño del ganado, o reconoce los caballos del conde e interroga al paje que los cuida. Descubre que se trata de su marido, que se va a casar al día siguiente. Se encamina al castillo del conde y le pide una limosna; él le entrega una mísera cantidad. La condesa se queja y él le ruega que le declare lo que quiere; ella le responde que su anillo de compromiso. La condesa se despoja de su tosco sayal y el conde reconoce el rico vestido que ocultaba y que él mismo le regaló. En algunas versiones, el noble le pregunta a la peregrina por su procedencia y la interroga acerca de las noticias que tienen en su tierra sobre él. Ella le asegura que tiene mala reputación, ya que ha engañado a su esposa. Acto seguido, le revela su verdadera identidad. En ocasiones, la anagnórisis se produce cuando ella le muestra un lunar o sus joyas. En la mayoría de las versiones, el conde se desmaya al reconocer a su mujer. La prometida maldice a la romera, pero él declara que es su esposa. Anula la boda y vuelve con la condesa a su tierra. En algunas versiones, la prometida se arroja por un balcón o muere repentinamente.

Bibliografía: 

IGRH: 0110

Versión publicada en Anaya Flores (2016: pp. 79-80).

Fuentes primarias:
Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
1.4.6. La familia reconstituida
¶: 
Ya se publican las guerras,     se vuelven a publicar,
y al rey-conde se lo llevan     por capitán general.
[Com. 1: Y le dice:]
—A los siete años no vengo,     princesa, te pues casar—.
Ya se pasan los siete años     para ocho caminar,
y un día estando comiendo     su padre le empez’ a hablar:
—Princesa, ¿tú no te casas     ni te pretendes casar?
—Padre, no me digas eso,     padre, no me digas tal,
que tengo carta en mi pecho     que el rey-conde vivo está.
¿Si tú me das la licencia     para irle a buscar?
—De mí tienes la licencia     y de Dios la libertad.
Ponte un vestido de seda;     encima, ponte un sayal
y veste de pueblo en pueblo,     ves de ciudad en ciudad—.
A la orillita del río,     a la orillita del mar,
se encuentra cuatro caballos     que llevan a pasear.
—¿De quién son esos caballos     que lleváis a pasear?
—Del rey-conde son, señora,     que está mandado esposar.
[Com. 2: Dice:]
—¿Está muy largo ese pueblo?     —Una legua, poco más.
No preguntes por Gijón     ni tampoco por Gibaltar,
vaya al palacio del rey,     que allí se lo encontrará—.
[Com. 3: Al llegar se encuentra al capitán general y le dice:]
—¿Me da usted una limosnita,     por Dios y por caridad,
que vengo de las Italias,     traigo poco que gastar?
 —Si vienes de las Italias,     trairás mucho que contar;
¿si se casa la princesa     o se pretende casar?—.
Se ha echado mano al bolsillo     y dos reales le ha ido dar.
—¡Qué poca limosna es esta     para la que solías dar!
[Com. 4: Dice:]
Ni se casa la princesa,     ni se pretende casar,
ni tiene ningún hijo     por medio aquellos de por allá,
que aquí la tienes, rey-conde,      pa lo que quieras mandar—.
[Com. 5: Salió su mujer muy triste y muy asombrá, y dice:]
—¿Tú eres mujer del demonio     o lo has venido a inventar?
—Ni soy mujer del demonio,     ni lo he venido a inventar,
que el rey-conde es mi marido     y me le vengo a llevar.