El quintado

Referencia: 
1498r
Vídeo: 
Comentario Foto/Video: 
Retrato de la informante
Archivo de audio: 
Informante: 
María Jesús Fernández Pereira
Edad del informante: 
59
Localidad: 
Jerez de la Frontera (Campiña de Jerez)
Provincia: 
Cádiz, España
Recopilador: 
María Jesús Ruiz Fernández
Fecha de registro: 
Martes, 1 Enero, 1985
Resumen: 

Un muchacho recién casado es reclamado para quintas. En las versiones más extensas, los soldados se detienen a merendar o a comer en el campo. Mientras que todos se divierten, el joven quinto se muestra apenado. Un superior le interroga acerca de la causa de su aflicción. Él le confiesa que no puede soportar la ausencia de su esposa. Ante la insistencia del superior, le enseña un retrato de ella. En las versiones más extendidas, el superior queda deslumbrado por su belleza y le concede la licencia; en otras, el muchacho le ofrece a cambio de su libertad una cadena que le había entregado su mujer. Cuando el soldado vuelve a casa o a casa de su suegra, le pide a su esposa que le abra la puerta. En un principio, esta se niega, pues no reconoce al marido. En algunas versiones le pide que le muestre la cadena para cerciorarse de su identidad, pero él le explica el caso; en otras, el quinto se disfraza de peregrino y llega pidiendo limosna. Todos los desenlaces citados concluyen con el feliz reencuentro de los amantes.

Notas: 

En esta versión, se repiten los versos 4, 6, 8, 12, 14 y 16.

Bibliografía: 

IGRH: 0176

Fuentes primarias
Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 9 y 10); Armistead (1978: P2 [J3]); Atero Burgos (2003: n.º 24); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 16 y 17); Piñero Ramírez (1996: n.º 25); Piñero Ramírez (2004: n.º 19 y 20); Piñero Ramírez (2014: n.º 20 y 21).

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
1.4.2. Amor fiel, amores desgraciados, amores contrariados
¶: 
Allá por el mes de mayo,     allá por la primavera,
cuando a los pobres soldados     se los llevan a la guerra.
Unos cantan y otros ríen     y otros llevan mucha pena,
y el que va en medio de todos     (y) es el que más penita lleva.
Le pregunta el capitán     que por qué lleva esa pena,
que si le marea el barco     o el humo de la caldera.
—A mí no me marea el barco     ni el humo de la caldera,
que a los tres días de casao     me llevan para la guerra.
—¿Y tan guapa es tu mujer     que tanto piensas en ella?―.
Le ha enseñado un retratito     que llevaba en la cartera.
Mira si sería guapa,     mira si sería bella
que hasta el mismo capitán     se ha enamorado de ella.
—Vete, soldado, a tu casa;    vete, soldado, con ella,
que por un soldado menos     no se perderá la guerra.
—Ábreme la puerta, luna,     y ábreme la puerta, estrella,
que por tu cara divina     me he librado de la guerra.