Don Bueso

Referencia: 
0450r
Vídeo: 
Archivo de audio: 
Informante: 
Purificación Hernández
Edad del informante: 
84
Localidad: 
Serranillos
Provincia: 
Ávila, España
Recopilador: 
David Mañero Lozano
Fecha de registro: 
Lunes, 1 Agosto, 2016
Resumen: 

Una niña cristiana es raptada por los moros o se pierde y es recogida por ellos, y es obligada a trabajar como esclava. Sus padres quedan tristes y su hemano comienza a buscarla sin descanso. Esta secuencia se omite en muchas de las versiones. En algunas versiones sefardíes, la niña es raptada por el rey moro, que se la lleva en barco a su castillo. La reina siente celos porque el rey la quiere hacer su enamorada. Para castigarla, la manda a lavar al río, pero ella sigue conservando su belleza inalterable. Un caballero (que se pasea por la morería el día de los torneos, se acerca a la judería en busca de amores o regresa de la guerra) se encuentra con ella, que está lavando en una fuente. Le pide que se aparte para que su caballo beba. Ella le informa de que en realidad no es mora, sino cristiana cautiva. El caballero le pide que le acompañe a España. Aunque ella muestra reticencias (se preocupa por los pañuelos que está lavando y por su honra), él promete que será respetuoso. Cuando llegan a un paraje, ella comienza a llorar o a reír, según la versión, y cuenta que en aquel lugar cazaba su familia, o reconoce un árbol que plantó su hermano. En este momento, el caballero se da cuenta de que se trata de su hermana y, en algunas versiones, la interroga acerca del nombre de sus padres. Regresan a casa y el caballero anuncia la identidad de su acompañante. Existen varios desenlaces:  1) la madre desea saber si la hija conserva la honra, a lo que ella responde afirmativamente. 2) La madre no la reconoce porque viene muy descolorida y le pide que le dé alguna seña para confiar en ella. La muchacha asegura que su palidez se debe a su falta de sustento. Acto seguido, sube a su habitación y se lamenta de que su antigua saya esté rota. La madre la reconoce y le pide que no se preocupe porque le regalará otra. 3) La cautiva narra que ha tenido como medio de vida lavar la ropa de una mora. Transcurrido un tiempo, ella solicita ver a un hijo suyo que está en la morería. Los moros quieren hacerla cautiva, pero ella les dice que viene con su familia y que está solo de visita para bautizar a su hijo. 4) En algunas versiones, probablemente reelaboraciones modernas, los padres reciben a la hija perdida con mucha alegría y se intersan por su vida en tierras moriscas. La muchacha confiesa que los moros que la criaron la querían mucho y eran muy ricos. Asegura que estarán preocupados por ella y le pide al padre que les escriba una carta. Pasados unos días, reciben la contestación: los moros quieren que la muchacha vuelva a su tierra acompañada de su familia. A cambio, les ofrecen tierras y dinero, además de proponerles el casamiento de la antigua cautiva con el hijo del patrón.

Notas: 

Títulos alternativos: "Hermana cautiva", "Don Bueso y su hermana", "Don Burgos", "La cristiana cautiva", "El día de los torneos", etc.

En esta versión, se repiten el tercer y cuarto octosílabo.

Ocupación de la informante: ha desempeñado diversas ocupaciones, como la confección de zapatillas y de ropa, el trabajo como jornalera y niñera, además de otras labores que le permitieron permanecer en Serranillos, sin tener que dedicarse al servicio fuera del pueblo. Su padre fue vendedor itinerante.

Bibliografía: 

IGRH: 0169

Fuentes primarias
Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 4); Armistead (1978: P2 [H2, H3]); Atero Burgos (2003: n.º 43); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 34 y 35); Piñero Ramírez (1996: n.º 42); Piñero Ramírez (2004: n.º 38); Piñero Ramírez (2014: n.º 34); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 377 y 391).

Estudios
LÓPEZ ESTRADA, F. (1984). El romance de Don Bueso y la canción de La peregrinita en el cancionero folklórico de Antequera. En De los romances-villancico a la poesía de Claudio Rodríguez: 22 ensayos sobre las literaturas española e hispanoamericana en homenaje a Gustav Siebenmann, 253-263. Madrid: José Esteban; MENÉNDEZ PIDAL, M. (1948). Los romances de don Bueso, BHi, 50, 305-312; PIÑERO RAMÍREZ, P. Manuel (2001). Los montes de Oliva: el encuentro de la canción lírica con el romance en Don Bueso. En Carlos Alvar Ezquerra (coord.), Lyra mínima oral: los géneros breves de la literatura tradicional: actas del Congreso Internacional celebrado en la Universidad de Alcalá, 28-30 octubre 1998, 353-360. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá; PIÑERO RAMÍREZ, P. Manuel (2001). La configuración poética de la versión "vulgata" de "Don Bueso". En Mercedes de los Reyes Peña, Rogelio Reyes Cano, Klaus Wagner (coord.), Sevilla y la literatura: homenaje al profesor Francisco López Estrada en su 80 cumpleaños, 109-132. Sevilla, Universidad de Sevilla.

Categoría: 
Romancero
Subcategoría: 
1.3. Romances sobre cautivos y presos
¶: 

El día de los torneos,     pasé por la  morería;

vide una mora lavando,     lavando en la fuente fría.

—Retírate, mora bella.     Retírate, mora linda.

Deja que beba el caballo     agua fresca y cristalina.

—No soy mora, caballero,     que soy de España cautiva.

Me cautivaron los moros     cuando yo era pequeñita.

—¿Te quieres venir conmigo     hasta los montes de oliva?

—Y esta ropa que yo tengo     ¿a dónde lo dejaría?

—Los de seda y los de Orlando,     aquí en mi caballería,

y lo de menos valor     al río lo tiraría.

—¿Y mi honra, caballero,     (y) a dónde la dejaría?

—Yo prometo no tocarte     (y) hasta los montes de oliva—.

Al llegar a aquellos montes     la mora llora y suspira.

—¿Por qué lloras, mora bella?     ¿Por qué lloras, mora linda?

—Lloro porque en estos montes     a cazar yo aquí venía

con mi hermano Moralejo     y mi padre en compañía.

—¡Válgame, Dios de los cielos,     y la sagrada María,

que pensé traer la mujer     y traigo a una hermana mía!

Madre de mi corazón,     madre de toda mi vida,

que ya apareció la reina     que buscaba noche y día.

Abran las puertas y balcones,     ventanas y melodías,

que ya apareció la hermana     que tan ciego me tenía―.

—¡Hija de mi corazón!     —¡Madre de toda mi vida!

—¿Quién había de decir     que tu hermano te traía?