Rito con marrubio y oración para curar la erisipela

Referencia: 
0334n
Vídeo: 
Archivo de audio: 
Informante: 
Maximiliana Nieto Romero
Edad del informante: 
80
Localidad: 
Ermita Nueva
Provincia: 
Jaén, España
Recopilador: 
David Mañero Lozano
Fecha de registro: 
Martes, 18 Abril, 2017
Notas: 

La informante sesea y cecea en ocasiones.

Notas léxicas:

edesipela: por erisipela.

Otros datos de la informante:

Maximiliana Nieto es natural de Ermita Nueva, una pedanía de Alcalá la Real. Ha trabajado como maestra sustituta, profesora particular, profesora de bordado, bordadora y ha desempeñado tareas agrícolas.

Categoría: 
Narrativa
¶: 

Una planta había, que llamaba marrubio, que curaba mi madre la edisipela* con ella. Y otra planta era una que le decían beleño, que echaba unas florecillas blancas y luego tenía unas semillas dentro, y dicían que era para el dolor de muelas. Sí, había muchas plantas curativas.

La edesipela. Usted no sabe lo que es eso, ¿no? Eso es una enfermedad que no la curan los médicos, y mi madre sabía curarla. Marrubio, una cosa que se llama marrubio, cortaba. Era igual que curan las culebrinas, los herpes. Yo tengo una amiga que cura las culebrinas, cura los herpes la mujer y…, y cura también la edesipela.

Y yo, me enseñó mi madre la oración de la edesipela. Dicía que tenía una que aprenderla de la | Diciéndotela una vez, te la tenías que aprender. Yo me la aprendí, pero ya no sé si me la acordaré de ella. Eh, cogía marrubios y hacía cruces con los marrubios así, y dicía:

En el nombre de la Santísima Trinidad,      

que te vengo a santiguar,

que se te quite todo tu mal.

Iba una mujer

por un caminito alante,      

vestida de colorado,

[y, y le dijo], y se encontró un peregrino y le dijo:

—Mujer, ¿tú quién eres

que de colorado vistes,

que de colorado calzas,

y colorado es el caballo

[y la yegua de],

la bestia del que cabalgas?

—Yo soy la flor venenosa

que chupa la sangre

y quebranta los huesos.

—Pues si eres la flor venenosa

que chupa la sangre

y quebranta los huesos,

yo te enviaré al fuego eterno

que te queme y que te abrase.

Dicía: —No me envíes al fuego eterno

que me queme y que me abrase,

que, en cortándome la palma llana,

me deshago como la sal en el agua.

 

Y, con aquello, pues venía mucha gente a mi casa, y venían desechaos de los médicos. Me acuerdo una vez que dicían | Estaba Manuel, uno que le dicían Manuel el Clavo. Vino el hombre con toa la cara llena de, como de borbotijas que le echaban agüilla. Y aquello le picaba mucho, y le | Muy malo, con toa la cara llena. Y…, y mi madre se la curó. Tres días, se la curaba tres días. Y entonces, el hombre vino, —yo era pequeño | chica todavía—, vino el hombre y se puso de rodillas delante de ella llorando. Dicía que había estao hasta en Córdoba, en un médico de Córdoba. Y vino el hombre llorando. Le trajo a mi madre una caja de galletas; mi madre no cobraba na ni na.

Y también un cabrero, Antoñico el Cabrero, que le decían. También vino otra vez, también con una pierna, también, que dice, también, con muchas borbotijas y le echaban agüilla. Y…, y también se las curó. Y el hombre pues no sabía lo que hacer cuando vino. Curó a muchísima gente mi madre de la edesipela.