Quien te conoció ciruelo, ¿cómo te tendrá devoción? (ATU 1824)

Referencia: 
0319n
Archivo de audio: 
Informante: 
Amalia Gómez
Edad del informante: 
72
Localidad: 
La Overuela
Provincia: 
Valladolid, España
Recopilador: 
Joaquín Díaz González
Fecha de registro: 
Sábado, 1 Enero, 1977
Notas: 

Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00005A 04).

Título indicado en las anotaciones de campo: "Quién te conoció ciruelo, ¿cómo te tendrá devoción?".

Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

Contamos con otra versión en el CLO, 1432c.

Otros datos de la informante:

Amalia Gómez nació en La Overuela y reside en Valladolid. Su padre era molinero de San Román de Hornija. Vivió también en Arrabal de Portillo.

Comentario de José Luis Agúndez García
Cuento que podría subordinarse al tipo general ATU 1824, El sermón de parodia.
Dada la peculiaridad de las versiones hispánicas del presente cuento, los catálogos dedicados a nuestra cuentística lo presentan como tipo independiente. Hernández Fernández (2008) señala la posibilidad de que se trate de un ecotipo. Rafael Beltrán lo sigue adscribiendo dentro del tipo general 1824, González Sanz le da carácter de tipo nuevo [1824A] y Camarena, Hernández Fernández (2014) y Noia Campos siguen la numeración que le otorgara Robe, 1829*D, muy bien definido ya entonces con dos versiones.
El resumen argumental de Hernández Fernández ayuda a comprender mejor el texto y abre otra alternativa:

Un carpintero realiza la talla de un santo con la madera de un árbol de su huerto (en algunas versiones, de esa madera fabricó también la madera del pesebre de su burro). Cuando ve la estatua llevada en procesión asegura que de un santo con tal origen en absoluto podrán esperarse milagros. Fórmula: “Yo te conocí, ciruelo, / y de tus frutos comí; / los milagros que tú hagas / que me los claven aquí”; o, “San Cayetano bendito, / hijo y hecho de un peral, / del pesebre de mi burro / eres hermano carnal”.

Como cotejo de la abundancia de versiones, véanse los catálogos mencionados anteriormente, así como el estudio de Hernández Fernández (2008) o el de Agúndez (1999: nº 248). Habría que añadir otras versiones a las allí expuestas, como unas extremeñas (recopiladas por José Mª Domínguez Moreno, Juan Rodríguez Pastor y Rafaela Nieves Martín), castellanas (José Antonio Carreño y José L. Gutiérrez, Concha Ventura Crespo, Arturo Martín Criado), asturianas (Jesús Suárez López), navarras (Alfredo Asiáin Ansorena), andaluzas (M.ª Jesús Ruiz Fernández) o riojanas (Javier Asensio García, Beatriz Rodríguez Delgado y Leonor Medel Fernández).
Rasgo característico de este cuento es la persistencia y fidelidad de unos versos que se repiten con pocas variables en todas las versiones. Así, por ejemplo, en la variable simple, canta la versión zamorana de Carreño (1988: p. 89) en la versión que titula El cuento del cura y la criada:

En mi huerta te criaste,
ciruelo te conocí,
los milagros que tú hagas
que me los cuelguen a mí.

O como lo hace la versión más compleja, en que se talla la imagen del santo y se aprovecha lo sobrante para fabricar un pesebre, en la versión de Agúndez:

Del pesebre de mi burra,
eres hermano carnal.
En mi huerto te crié
y fruto no comí.
Los milagros que tú hagas,
que me los cuenten a mí.

Sánchez Ferra, por ejemplo, recopiló cuatro versiones del tema en uno de sus trabajos. En uno de ellos, el antiguo dueño del ciruelo se plantó ante el santo:

El que te conoció ciruelo
y ciruelas no comí,
los milagros que tú hagas
que me los pasen por aquí. (2000: nº 275)

En ora versión, el feligrés arrodillado le rezó a san Cayetano, en esta ocasión:

San Cayetano bendito
que estás al pie del altal;
del pisebre de mi burro
eres hermano carnal. (2000: nº 274)

(El santo más reclamado para el caso suele ser san Sebastián, tal vez para facilitar la rima por lo del hermano carnal. En Agúndez es san Nicolás.)
Es cuentecillo muy presente en la tradición escrita con desarrollo pleno. Pero sus versos también se han independizado para gozar de vida propia propagándose como coplas, algunas de ellas recogidas en los cancioneros. Los estudios mencionados señalan casos bien conocidos, algunos recordados por Vergara Martín referidos a Bulbuente o Alarcón (1927: pp. 97 y 58b-59a), por ejemplo. Fernando Rodríguez de la Torre (2000: núms. 713-714) incide en esta idea y expone diversos ejemplos.
También es uno de los cuentos que más rastro ha dejado en los refraneros. Unas veces glosado con el cuentecillo y otras sin comentario. En estos predomina la forma simple: Yo le he conocido ciruelo (Bastús 1867: III, 75); Yo te conocí ciruelo (Celdrán, 2009: p. 443); Quien te conoció ciruelo, ¿cómo te tendrá devoción? (Sbarbi, 1922: sub voce Ciruelo). Los ejemplos son muy abundantes, como se puede comprobar si se accede a los catálogos mencionados.
El aspecto cómico de las coplas, como la sugerencia de los refranes, ha favorecido su difusión como pulla local con que denigrar tanto la imagen como la religiosidad del pueblo. Uno de los refranes y argumentos más originales lo recogía Joan Amades (1937: 504, p. 118), y lo refería a la localidad gerundense de Albanyà: El diable d'Albanyà i el Sant Crist de Fontfreda són germans. Cuentan que en el pueblo hicieron del mismo tronco de ciruelo una imagen del diablo para los pies del san Miguel, una cubeta para el hospital y la imagen del Cristo. La gente le rezaba al Cristo:

Senyor, qui us ha vist i qui us veu;
era viu i ara sou mort;
vau néixer dintre el nostre hort;
en sou parent i germà
del dimoni d'Albanyà
i també de la bujola
de l'hostal de la Ramona.

Curiosamente, ya que hablamos de un tipo propio de nuestra cultura, Rozan (1880: pp. 40-41) localiza los hechos en los alrededores de Bruselas. El empaque de la historia se presenta, además, tan realista que, cuando se glosa el refrán o la copla, o letrilla, no siempre se ofrece como historieta, sino que se alude a anécdotas o sucedidos concretos. Lo vemos, por ejemplo, en algunos casos del mencionado Rodríguez de la Torre, o lo intuimos en explicaciones como la de Vergara Martín, cuando se refiere al san Sebastián de Alarcón: “Alude a que San Sebastián, patrón de Alarcón, tenía una imagen en este pueblo, hecha de la misma madera que uno de los devotos del santo había construido un pesebre…” (op. cit.: pp. 58b-59a).
No hay duda de que el refrán, igual que la copla, no ha necesitado el apoyo del apólogo para significar la falta de credibilidad hacia una imagen, la irreverencia misma surge por sí misma por la esencia de la materia prima. No era necesario hacer constar que alguien hubiese entregado su propio árbol, o que hubiese hecho con él también un pesebre. El conocimiento del origen de la talla es suficiente para devaluar al santo, como parece indicar Cecilio A. Robelo (1904: p. 513) cuando habla del uso de la madera del copaljocote:
El frecuente uso que hacen los escultores de Michuacán, de la madera de este árbol, dio origen á la siguiente plegaria de un aldeano:

Glorioso San Sebastián,
Ciruelo te conocí;
No dejes de darme pan,
Y no te olvides de mí.

Sin embargo, lo más usual en estos casos es que el refrán suele ser el soporte condensado de la historia que el oyente rememora instantáneamente. Hay un tiempo en que refrán y cuento coexisten con fuertes lazos, aunque estos pueden difuminarse con el discurrir del propio tiempo o cuando se implanta sin las referencias completas. Lo cierto es que gozan de buena armonía en un inicio, entonces solo basta sugerirse de una forma o de otra. Escribía Torres en un artículo que titulaba «Delicias de un baile de máscaras» incluido en el libro publicado junto a Clavé (1860: p. 32): «…por aquello de que “como te conozco ciruelo, no te tengo devoción”».
Del realismo, de la verosimilitud del asunto de los devotos contrariados, parece significativo un caso reciente en que los feligreses renegaron de la imagen de la Virgen por ser imagen de persona sobradamente conocida, episodio recogido en la prensa:

El cura de la localidad madrileña de Aldea del Fresno se vio obligado a cambiar el rostro de la virgen de Santa María del Fresno, patrona del pueblo. El sacerdote había mandado construir la talla tomando como modelo a una joven vecina del pueblo. El nuevo rostro de la virgen fue presentada a sus feligreses que reaccionaron con indignación al observar que la cara era igual a la de una joven estudiante de derecho de la localidad. Los vecinos exigieron al cura que retirase la talla ya que no se puede venerar a una chica a la que vemos a diario. (El Norte de Castilla, 28 de agosto de 1999).

Categoría: 
Narrativa
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Era el alcalde y era mu rudo y tenía una huerta y el cura le dice: —Tiene usted que hacer un Cristo, que ese está muy malo—.
Y dice: —Caes | Tengo un naranjo en tal sitio, que —dice— le voy a mandar a cortar para hacer el Cristo. Sí, pero me tenéis | Con la condición de que me tenéis que dejar el primer sermón cuando le… | La primera cosa cuando le destapéis, la digo yo—.
Y todos esperando a ver lo que decía el alcalde y ya estaba hecho el Cristo. Tiraron de la cortina y dice:—Naranjo, te | No:
—En mi huerto te criastes,
naranjo te conocí
y los milagros que tú hagas,
que me les claven a mí aquí.