Milagrosa salvación por intercesión de la Blanca Paloma

Referencia: 
0428n
Vídeo: 
Archivo de audio: 
Informante: 
Antonia Huertes Díaz
Edad del informante: 
83
Localidad: 
Ribera Alta (Alcalá la Real)
Provincia: 
Jaén, España
Recopilador: 
Manuel Rodríguez Arévalo
Fecha de registro: 
Jueves, 27 Abril, 2017
Notas: 

Los dos primeros versos corresponden a un poema de la informante.

Otros datos de la informante:

Antonia Huertes nació en Ribera Alta, donde ha residido durante la mayor parte de su vida. Además ha vivido en Alcalá la Real y actualmente reside en el Salobral. Su padre, de quien aprendió la mayoría de las canciones y romances, era de Ribera Baja. Su madre procedía de Ribera Alta.

Categoría: 
Narrativa
Subcategoría: 
¶: 
El milagro de la Blanca Paloma que me vino en el Salobral
 
Porque es que fue más que milagro. Tenemos una parcelilla; él [el marido de la informante] se fue, ella [la Virgen] venía del día de su fiesta. Quería él venir pa, cuando ella llegara a mi puerta, que llegara él también. Pero, como le dio una insolación | el, el sol allí, y no pudo venir. Nos llamaba pa cuando él viniera que estuviera | pa cuando llegara la Virgen que estuviera él allí. Se dejó el reloj, se dejó el, el… el móvil, llamó al cortijo; nadie le pudo... Sale de aquí, y ahora aquí hay una revuelta y ahí hay un barranco. Dice: “de ahí, me puedo caer”. Hasta la ropa se, se la quitó. To con la fe de venir cuando ella estuviera allí en el Salobral. Pues, ¿cómo llegó a mi casa él? ¿Quién, quién trajo…? Porque llegó a mi casa, no pudo entrar. En la puerta, mi yerno y mi hijo le sacaron una silla y lo sentaron allí. Bueno, nosotros tos llorando. La una llama a…, a la ambulancia; la otra, al médico; la otra, a no sé qué. To allí que, que se puso… Digo: “pero bueno, ¿na más…?” Es que eso es duro de contar. Entonces ya no pudo tampoco a mi casa entrar. Le sacamos allí el sillón. Un médico dentro la casa y otro médico y la enfermera allí fuera. Pues en el | le suben el oxígeno y otro médico allí dentro:
—¿A cómo lo tiene?
—A tanto.
—Se lo vuelvan a subir—.
Le ponían toas las cosas, y yo con una bolsa quitándoselas.
—¿A cómo lo tiene el oxígeno?
—A tanto.
—Se lo vuelvan a subir—. Por tres veces le subieron el oxígeno, por tres veces.
Claro, yo ya llorando, mi hija esa allí con él dentro y yo | con el, con el médico, y yo con el médico y la enfermera allí fuera. Ya pasé yo llorando y digo:
—¡Ay!, mire usted, ¿cómo lo ve?—.
Se quea mirándome y dice:
—Pues, mire usted, muy mal. Ha salío de milagro—.
Su hermano en el ambulancia, mi hija en el Salobral. Pues yo creí que, que nos mandarían pa Graná o nos mandarían… Pues corrió pa mi casa y, al llegar ella con, con él, llegó la Virgen, espaldas uno con otro. Le abrieron. Yo ya llorando. Pues estos:
—¡Ay, Antonia!, que mira, que no se ha podío bajar, pero que se le ha abierto la pue- | él ha abierto su puerta pa verla y…—.
¡Pues qué vamos a hacerle! Gracias a Dios, pues ya está. No tuvo que ir a ningún lao y se puso bien.