La vieja que era más malvada que el Diablo [ATU 1353]

Referencia: 
0576n
Archivo de audio: 
Informante: 
S. K.
Edad del informante: 
77
Localidad: 
Gran Cabilia
Provincia: 
Cabilia, Argelia
Recopilador: 
Óscar Abenójar
Fecha de registro: 
Lunes, 8 Julio, 2013
Notas: 

Esta versión, transmitida en cabileño, ha sido traducida y anotada por Óscar Abenójar.

Categoría: 
Narrativa
¶: 

Cuentan que en cierta ocasión una vieja y el Diablo se pusieron a discutir sobre cuál de los dos era el más granuja.

La vieja le decía:

–Pues estoy segura de que soy yo. Te supero en astucia. Haga lo que haga, te supero.

Y el Diablo le respondía:

–¡Ni hablar! Yo soy el Diablo, y soy yo quien te supera. ¡Yo soy más malvado que nadie! Si consigues convencerme de que eres más perversa que yo, te regalaré un vestido.

Después se fueron a una casa para pasar una noche allí. Los recibió una mujer que estaba sola en casa, pues su marido había ido a la mezquita.

Nada más entrar, la vieja se sentó, y enseguida maldijo al Diablo. El Diablo escuchó la maldición y salió corriendo de casa.

La anfitriona entonces se puso a preparar un cuscús para cenar. Cuando la comida ya estaba lista y los platos colocados en la mesa, la vieja le dijo a la mujer:

–Si no te importa, yo prefiero comer con dos cucharas.

Al principio la mujer se quedó un poco asombrada. ¿Para qué querría aquella vieja dos cucharas para comer un cuscús? Pero luego pensó que se trataba de una simple manía de vieja y le dio dos cucharas.

Entonces la vieja empezó a comer por los dos extremos del plato y con las dos cucharas: una vez llenaba una cuchara con cuscús de una parte del plato y se la llevaba a la boca; la vez siguiente llenaba la otra cuchara con comida del otro lado del plato y comía. Hacía como si hubiera tres personas a la mesa: la anfitriona, ella y otra persona.

Al rato su marido regresó de la mezquita y le dijo a su esposa:

–Bueno, pues ¿dónde está la cena?

Entonces la vieja respondió:

–¿Ya tienes hambre otra vez? ¡Pero si acabas de comer!

–¡No, qué va! –respondió el marido –. Si yo todavía no he comido.

Y la vieja le dijo:

–Pues no tienes buena memoria, porque acabas de comer. Si no me crees, mira, hay tres cucharas encima de la mesa.

El marido comprendió que su mujer le estaba siendo infiel. Sin preguntarle siquiera, se dirigió hacia ella y la mató. Entonces la vieja salió rápidamente de la casa, fue corriendo a buscar a la familia de la mujer y les dijo:

–¡Han matado a vuestra hija! ¡Han matado a vuestra hija! ¡Y además ha sido de una manera injusta! ¡Vengad la muerte de vuestra hija! ¡La han matado de manera infame!

La familia de la mujer asesinada fue a casa del marido y lo asesinó a él. La venganza desencadenó una sangrienta pelea entre las dos familias. Al cabo de unos días había muerto mucha gente.

Cuando toda aquella violencia se hubo calmado, la vieja se dirigió al Diablo y le dijo:

–Mira lo que he provocado yo solita. Dime, ¿sigues pensando que eres más malvado que yo?

Al Diablo no le quedó más remedio que reconocer que la vieja era más pérfida que él. Le había ganado la apuesta. Entonces cogió un palo, lo introdujo por un agujero del vestido y se lo entregó a la vieja desde lejos, porque ¡hasta el mismísimo Diablo tenía miedo de ella!