La mujer que se escapó de la ogresa [ATU 968]

Referencia: 
0580n
Archivo de audio: 
Informante: 
N. H.
Edad del informante: 
55
Localidad: 
Gran Cabilia
Provincia: 
Cabilia, Argelia
Recopilador: 
Óscar Abenójar
Fecha de registro: 
Sábado, 13 Julio, 2013
Notas: 

Esta versión, transmitida en cabileño, ha sido traducida y anotada por Óscar Abenójar.

Categoría: 
Narrativa
¶: 

Éranse una vez dos mujeres vecinas que vivían en una cabaña en un bosque que estaba un poco alejado del pueblo. Cada tarde una de ellas solía ir a llamar a su vecina para que fuesen juntas a buscar agua fresca. Esperaban a que el guarda de la fuente* anunciara que ya era posible ir a recoger agua, y luego cogían sus cántaros y los llenaban.

Una ogresa notó que las dos mujeres iban todos los días a la fuente, así que ideó una trama para comérselas. Un día se transformó en una mujer muy parecida a la vecina. Y, con aquel aspecto, al atardecer se acercó a la casa de la mujer y la llamó:

–¡Aldjia!
–¿Sí?, ¿quién es? –respondió ella.

Y entonces dijo la ogresa:

–Soy tu vecina. Venga, vamos, que ya es la hora de ir a la fuente a traer agua. El guarda de la fuente acaba de anunciarlo. ¡Venga, date prisa antes de que la cierren!

–Vale, un momento. Espera que me ponga la ropa y vacío este cántaro –respondió la mujer.

Al momento Aldjia salió de su casa cargando en la espalda el cántaro vacío. Entonces vio que su amiga ya estaba muy lejos. Se había marchado sin ella. No la había esperado. Entonces le dijo mientras corría detrás de ella:

–¡Espérame, espérame un poco! ¿No me dijiste que nos fuéramos juntas?

–¡Date prisa, date prisa! ¡Que va anochecer y nos van a cerrar la fuente! –respondió la ogresa ya desde muy lejos.

Entonces Aldjia notó que su vecina, en vez de tomar el sendero que llevaba a la fuente, se internó en el bosque. Luego vio que se metió entre los arbustos y, al cabo de un rato, desapareció.

La ogresa lo hizo con el propósito de atraer a la mujer hacia el bosque y devorarla allí. Pero Aldjia, que era sensata y muy perspicaz, sospechó que allí estaba ocurriendo algo que no era normal. Su vecina se había equivocado de sendero y además caminaba mucho más deprisa de lo habitual.

Entonces se detuvo y dejó de seguirla. Mientras tanto la ogresa continuó caminando hacia lo más profundo del bosque pensando que la mujer la estaba siguiendo.

A Aldjia ya no le quedaba ninguna duda de que la que se hacía pasar por su amiga era, en realidad, una ogresa. Entonces dejó caer su cántaro y echó a correr a toda velocidad de regreso a casa.

En cuanto llegó, cerró inmediatamente la puerta y la atrancó con tablones de madera. Pero la ogresa había echado la vista atrás y se había dado cuenta de que la mujer se había escapado. Entonces ella también dejó caer su cántaro y se dirigió a la casa de la mujer.

Al llegar a la puerta, le pegó un grito:

–¡Me has traicionado! ¡No me has seguido!

–Y yo sé que no eres mi vecina –le respondió–. ¡Eres un monstruo, y quieres comerme!

Entonces la ogresa le respondió:

 

–¡Ay, si consigo atraparte,
me beberé tu sangre
y me comeré tu carne!
El ruido de tus huesos se oirá
desde los siete cielos
cuando los triture[1].

 

Entonces Aldjia atrapó una fiebre horrible y cinco días después falleció.

 


[1] En cab. Lukan ikmetifaɣ! / idamnim juɣma / akasumim luqma / ixxassanim asdessyan / si sba iganwan / ma ratardiqqan.