La anciana y el robo del fuego

Referencia: 
0560n
Archivo de audio: 
Informante: 
F. D.
Edad del informante: 
67
Localidad: 
Attouche
Provincia: 
Tizi Ouzou, Argelia
Recopilador: 
Óscar Abenójar
Fecha de registro: 
Miércoles, 12 Marzo, 2014
Notas: 

La traducción de esta versión, en cabileño, ha sido realizada por Óscar Abenójar.

Categoría: 
Narrativa
Subcategoría: 
¶: 

Antaño los hombres no tenían fuego, y además era muy difícil comprarlo, porque solo lo tenía el Diablo y solo él podía venderlo.

Un día la vieja del pueblo cogió su bastón y se fue a buscar el fuego a la fragua del Diablo.

Llamó a la puerta, se acercó a él y le preguntó:

¿Cuánto cuesta ese fuego? Y ¿ese otro? ¿Cuánto cuesta este de aquí? Y ¿el de más allá?

Fue preguntándole el precio de todos los tipos de fuego, y el Diablo le iba respondiendo uno por uno:

Pues, mira, ese cuesta tanto; y ese otro cuesta tanto...

Cada tipo de fuego tenía un precio diferente.

Y al final, cuando terminó de preguntarle los precios de todos, la vieja le dijo:

¡Son muy caros! No puedo permitirme comprar fuego.

Y regresó al pueblo. Nada más llegar, les dio a los hombres un tizón que le había robado al Diablo.

Al ver que los hombres tenían fuego, el Diablo se quedó con la boca abierta... Por todas partes había gente que tenía fuego. ¡Había lumbre en todas las casas! Se quedó pasmado. El fuego era muy caro y no se explicaba cómo habían podido permitirse comprarlo.

Así que fue a ver al sultán del pueblo y le preguntó:

¿Se puede saber qué habéis hecho para conseguir fuego?

Y el sultán le respondió:

Y ¿me lo preguntas a mí? Yo no tengo ni idea. ¿No ha ido nadie a tu casa? ¿Nadie ha ido a pedírtelo? ¿No se lo has dado a nadie?

No, no se lo he dado a nadie –respondió el Diablo–. Pero, ahora que lo dices, vino una vieja al zoco y empezó a preguntarme los precios de todos los tizones mientras iba tocándolos con su bastón de caña. En cuanto terminó de preguntarme todos los precios, me dijo que eran muy caros y que no podía permitirse ninguno, y luego se marchó.

El sultán le dijo:

Pues entonces está claro. Fue esa mujer la que te robó el fuego. Te lo robó y lo escondió dentro de su bastón de caña. ¡Fue ella la que te engañó!

Resulta que la anciana y el Diablo habían hecho una apuesta; él presumía de ser el Diablo y decía que nunca conseguiría engañarlo. Y ella, en cambio, le decía que era una vieja y que conseguiría vencerlo.

Desde aquel día, todo el pueblo supo que la vieja había engañado al Diablo. ¡Le había tomado el pelo!

 Mi cuento, al río, al río...
¡Os doy una rama de dátiles
para que nos la comamos juntos!