El señor rana y la señora rana

Referencia: 
0574n
Archivo de audio: 
Informante: 
K. H.
Edad del informante: 
22
Localidad: 
Pequeña Cabilia
Provincia: 
Cabilia, Argelia
Recopilador: 
Óscar Abenójar
Fecha de registro: 
Martes, 9 Abril, 2019
Notas: 

Esta versión, transmitida en cabileño, ha sido traducida y anotada por Óscar Abenójar.

La informante indica que este relato se lo contó su tía, que es oriunda de la Pequeña Cabilia.

Categoría: 
Narrativa
Subcategoría: 
¶: 

Macahu[1]

 

Érase una vez una rana hembra que le pidió a su marido que le trajera carne tierna para preparar un cuscús con sémola tierna. La rana macho aceptó el encargo y se dirigió al mercado.

Mientras su marido estaba fuera, la rana hembra se puso su mejor vestido, se adornó con sus mejores joyas y se pintó las pestañas. Después colocó la olla en el fogón y la dejó cocinando a fuego lento mientras esperaba a su esposo.

La rana macho dio vueltas y vueltas por todo el mercado, pero por más que buscó, no consiguió encontrar ni pizca de carne. Así que, en lugar de meter carne en el saco, que era lo que le había mandado su esposa, lo llenó de mosquitos y se lo llevó a casa.

La rana hembra se puso muy contenta al ver el saco lleno. Entonces, sin comprobar siquiera lo que había en el interior, vertió todo el contenido del saquito en la marmita. Al momento todos los mosquitos se pusieron a revolotear alrededor de ella.

Entonces la rana hembra se enfadó muchísimo y le dijo a su esposo:

–¿Qué clase de hombre eres que ni siquiera has podido traer carne a casa? ¿Y ahora qué hago con esta sémola? ¿La tiramos? En fin, haré una torta con ella…

Después se dio la vuelta y siguió cocinando. Mojó los granitos de cuscús en agua y empezó a amasarlos para hacer una torta. Como su marido se sintió muy ofendido, se acercó a ella y le pegó una bofetada.

Entonces la esposa se enfadó tanto que salió de casa y abandonó a su marido.

Al final ni se comieron el cuscús ni la rana hembra se quedó en casa. El hombre rana se quedó llorando, triste y solo, en su casa.

Al rato pasó por allí una paloma negra y le preguntó:

–¿Por qué lloras? ¿Qué te pasa?

Y respondió la rana macho:

–Mi rana me ha abandonado.

–¿Quieres que yo te la devuelva? –le preguntó la paloma negra.

Y él respondió:

–Pues me harías un gran favor.

Y al momento la paloma negra se dirigió al lugar donde estaba la rana hembra. En cuanto llegó, se puso a llamarla:

Entonces la rana le contestó:

–¿Quién es?

–¡Soy lella* paloma de las palomas[2]!

Y la rana soltó una carcajada y le respondió con sarcasmo:

–Si de verdad eres lella paloma de las palomas, entonces no metas la cara en la basura para buscar comida.

Al escuchar aquel agravio, la paloma negra regresó llorando, cabizbaja y humillada. Como la rana macho vio que la paloma volvía con muy mala cara y llorando, le preguntó por qué estaba tan triste. Entonces la paloma le relató todo lo que le había pasado con la rana hembra.

Cuando hubo acabado, la rana macho le dijo:

–¡Ya te había dicho yo que no iba a regresar!

Al poco pasó por allí una gallina. Como vio que la rana macho estaba llorando, le preguntó por qué estaba tan triste. Y la rana macho, entre sollozos, volvió a relatar lo que le había pasado con su mujer.

Entonces la gallina le propuso:

–¿Quieres que yo te la devuelva?

–Pues sí, me harías un gran favor –respondió él.

Enseguida la gallina se dirigió al escondite de la rana y empezó a llamarla.

Y la rana le respondió:

–¿Quién es?

–Soy tu tía, la gallina de las gallinas.

–Si de verdad fueras la gallina de las gallinas, ¡tu casa no estaría llena de excrementos!

Y entonces la pobre gallina, abochornada, regresó llorando.

Al verla regresar, la rana macho le preguntó si había conseguido que la rana hembra volviera a casa. Entonces la gallina le contó lo que le había pasado con su mujer.

Así que los tres animales, la rana macho, la paloma negra y la gallina, se pusieron muy tristes y los tres se echaron a llorar.

Al rato pasó por allí el reyezuelo y le dijo:

–¿Qué te pasa, rana macho? ¿Por qué estás llorando?

–Pues lloro, porque mi rana me ha abandonado.

–¿Quieres que yo te la devuelva?

–Pues la verdad es que me harías un gran favor. Pero te advierto que ya lo han intentado tanto la paloma negra como la gallina, y ninguna de las dos ha conseguido convencerla. ¡Y, para colmo, las ha insultado! Y ahora ya nos ves: ¡aquí estamos los tres juntos llorando!

–Pues yo puedo asegurarte que voy a devolvértela.

Y entonces el reyezuelo salió volando en busca de la rana. Partió con un arma colocada en el cinturón y con un palo en la mano.

Cuando llegó al lugar donde estaba la rana, la llamó. Y la rana le respondió:

–¿Quién eres?

–¡Soy el reyezuelo de los reyezuelos! He venido con el arma en el cinturón y con el palo en la mano. ¡Sal de ahí, y ponte delante de mí!

Entonces la rana respondió con voz temblorosa:

–¡Oh, madre mía! ¡Enseguida me pongo delante de ti, mi señor! ¡Ahora mismo voy! ¡Yo caminaré delante de ti, mi señor reyezuelo!

Y así fue como la rana salió por fin de su escondite, y el reyezuelo se la devolvió a su marido.

Una vez en casa, la rana macho le trajo carne tierna a su mujer, y ella pudo preparar el cuscús con sémola tierna. Después se sentaron a comer y cerraron la puerta de su casa.

 


[1] Macahu: una de las fórmulas breves de inicio de cuento que se hallan más difundidas en Cabilia. Su significado es oscuro, tal vez por ser una partícula cuya función es meramente incoativa, y porque su posición inicial la ha dejado más expuesta a la erosión fonética. Hoy en día resulta imposible reconstruir su significado.

[2] Paloma de las palomas: traducción literal de la expresión cabileña tagarfa n tagarfa. La construcción significa literalmente “la mejor de las palomas”, pero, en este caso, preferimos sacrificar su significado exacto en español para conservar la forma original de esta y de otras expresiones similares (gallina de las gallinas y ave de las aves), que son relevantes para la poética del presente cuento.