El pacto entre amo y criado. La tira de piel

Referencia: 
0356n
Archivo de audio: 
Informante: 
Amalia Gómez
Edad del informante: 
72
Localidad: 
La Overuela
Provincia: 
Valladolid, España
Recopilador: 
Joaquín Díaz González
Fecha de registro: 
Sábado, 1 Enero, 1977
Notas: 

Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00005A 37).

Título indicado en las anotaciones de campo: "El pacto entre amo y criado. La tira de piel".

Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

Otros datos de la informante:

Amalia Gómez nació en La Overuela y reside en Valladolid. Su padre era molinero de San Román de Hornija. Vivió también en Arrabal de Portillo.

Categoría: 
Narrativa
¶: 
Pues…, pues eso, que era costumbre, si no estaban a gusto, el amo al criao le sacaba la correa. Y…, y ese, pos cogió un criao, y enseguida le | no le gustó, y se sacó la correa de arriba abajo. Tenía un hermano, y dice: "Déjate, que pa otro año vuelva". Y, como era de un pueblo que no | dice: —Si e- | ¿Si digo que soy de otro pueblo?—. Y llegó:
—¿Hace falta un criao?
—Pues sí.
—¿Y esas condiciones?
—Pos sí, sí, toas las condiciones y to.
—Y, ¿ahora qué? Si no estoy conforme yo, también se la saco a usted—.
Dice: —Sí, sí, sí, también—.
Con que nada, le | ¿Cómo era? ¿Cómo era? Le mandaba hacer cosas imposibles. Y, a lo mejor, le mataba to los bueyes, to las vacas o to las gallinas, y le decía: —¿Está usted conforme?—.
Y decía: —Sí, sí, sí, sí—.
Si no, le sacaba la correa. Y ya, una vez, dice:
—Tienes que pasar, —dice— al ser de día, cuando canta el cuco, por los tres árboles —tres árboles que había.
Y…, y decía la mujer: —¿Te vas a estar tú ahí con una escopeta? Cuando pase, le das un tiro, porque si no, este tío nos acaba con el capital—.
Con que, fue al revés, llevó él la escopeta y, cuando decía el “cu cu cu cu”, le dice:
—Tiene usted que pasar hasta que cante el cuco tres veces.
Cuando dijo “cu cu”, “¡pum!”, un tiro; cayó la mujer.
—¡Amos, que me has matao la mujer! —dice— Y vamos, y ahora, ¿qué hago yo?—.
Y dice: —¿Está usted conforme?—.
Y dice: —Sí, sí, sí, estoy muy conforme—.
Y no le sacaba la correa. Y así, hasta que acabó con to lo de la casa. Y…, y luego después, pues, como no podía echarle, pues tenía que darle correa. No podía echarle, no se dejaba sacar la correa… Y ya, hasta que se cansó el otro y le dijo:
—Bueno, esto es por habérsela sacao a mi hermano, que era mu bueno. Y lo hice a usted pa que lo pagara.