El marido bobo y la mujer boba [ATU 1696]

Referencia: 
0575n
Archivo de audio: 
Informante: 
S. K.
Edad del informante: 
77
Localidad: 
Gran Cabilia
Provincia: 
Cabilia, Argelia
Recopilador: 
Óscar Abenójar
Fecha de registro: 
Miércoles, 10 Julio, 2013
Notas: 

Esta versión, transmitida en cabileño, ha sido traducida y anotada por Óscar Abenójar.

Categoría: 
Narrativa
¶: 

Érase una vez una pareja de ancianos que tenía tres hijas. Las tres estaban casadas, y su marido y ella solían hacerles una visita de vez en cuando.

Una vez la vieja fue a ver a su hija mayor, pero no la encontró allí. Había ido a buscar agua. Entonces entró en casa y echó un vistazo por las habitaciones mientras esperaba a que su hija volviera de la fuente.

La anciana se puso a curiosear por aquí y por allá. De repente, le llamó la atención una gran vasija. Se acercó a ella, se asomó al interior para ver qué contenía y entonces vio su rostro reflejado en la superficie del aceite. La anciana se asustó, y al retirarse volcó la vasija sin querer. Al instante todo el aceite acabó derramado por el suelo de la habitación.

Cuando su hija regresó de la fuente, la madre empezó a contarle mentiras para justificar lo que había sucedido. En lugar de reconocer su culpa, implicó a su yerno, y le acusó, encima, de ser infiel:

–¡Ay, hija! ¡Tu marido se ha casado con otra mujer y te la ha dejado aquí en casa!

Su hija la echó inmediatamente de su casa mientras le gritaba:

–¿Conque la vasija de aceite es otra mujer? ¿A quién quieres engañar?

Al día siguiente, la anciana fue a visitar a su segunda hija. Pero tampoco la encontró en casa. Ella también había ido a la fuente a buscar agua.

La anciana entró en casa de su hija y entonces vio que su nieto recién nacido estaba enfermo en la cama. Tenía mucha fiebre y lloraba y gemía de dolor.

Entonces la vieja malvada cogió un palo de madera muy fino y lo introdujo en la cabeza de su nieto. Como todavía era muy pequeño, su cabeza estaba blanda y no le costó demasiado. Lo metió y lo sacó varias veces hasta que mató al niño.

Cuando su hija volvió de la fuente, la vieja le dijo:

–¡Hija, has abandonado a tu niño enfermo! ¡Lo has dejado solo en casa! No he podido pegar ojo hasta que he conseguido curarlo.

Entonces su hija se fue corriendo a buscar a su hijo y vio que estaba muerto. ¡Su propia abuela lo había matado! Entonces comenzó a dar gritos y empujones a su madre hasta que la echó de casa.

Al día siguiente la vieja fue a visitar a su tercera hija. Cuando llegó a su casa, la encontró cosiendo un albornoz. Cuando su hija se descuidó un momento, la madre cogió el albornoz y se lo rasgó por todas partes. Al verlo hecho jirones, su tercera hija también la echó de casa.

Después la madre volvió a su casa y, nada más entrar por la puerta, le propuso a su marido:

–Hombre, ¿qué te parecería si nos casáramos otra vez?

–Vale, como quieras –respondió su marido.

Entonces la vieja se puso un vestido de novia, como si de verdad fuera a casarse, y se ciñó una cinta alrededor de la cabeza. Su marido estaba cortando leña, así que ella se quedó esperándolo en casa.

Pero su marido tardaba muchísimo en llegar, y la mujer empezó a desesperarse. Cuando por fin el hombre terminó de cortar leña y volvió a casa, su esposa le dijo ya enfadada de tanto esperar:

–¡Hombre, la abeja se ha posado encima de la cinta[1]!

–¿Ah, sí? ¡Vaya! –dijo él con cara de asombro– No te preocupes, que enseguida lo soluciono.

Entonces, sin mediar palabra, cogió el hacha y dio un tremendo hachazo en la cabeza de la mujer, justo en la cinta, para matar a la abeja.

 


[1] Hombre, la abeja se ha posado encima de la cinta (cab. Ayargaz, baâu yerssed af lillu!): giro idiomático que en este contexto se emplea para llamar la atención al marido, porque está tardando demasiado. El esposo, en cambio, entiende el sentido literal de la frase.