El chacal y la tortuga de agricultores [ATU 15]

Referencia: 
0571n
Archivo de audio: 
Informante: 
N. H.
Edad del informante: 
55
Localidad: 
Gran Cabilia
Provincia: 
Cabilia, Argelia
Recopilador: 
Óscar Abenójar
Fecha de registro: 
Domingo, 14 Julio, 2013
Notas: 

Esta versión, transmitida en cabileño, ha sido traducida y anotada por Óscar Abenójar.

Categoría: 
Narrativa
Subcategoría: 
¶: 

Éranse una vez un chacal y una tortuga que un día decidieron cultivar un gran terreno de habas. Entonces la tortuga le propuso al chacal que quien terminara primero podría quedarse con toda la cosecha. Y luego le dijo lo siguiente:

–Hoy tenemos trabajo, ¡conque vamos a ponernos cultivar este terreno! Pero antes tenemos que repartirnos la faena, así que una mitad la cultivas tú y la otra yo. Para diferenciar las dos partes tenemos que separarlas con mojones. Así después sabremos cuál es tu parte y cuál es la mía.

El chacal aceptó la propuesta de la tortuga y le dijo:

–Como quieras. Pero yo soy más inteligente y fuerte que tú. Te voy a vencer, ya verás. ¡Yo puedo engañar hasta al león! ¡Y lo hago muy a menudo! Terminaré antes que tú.

–Vale, venga. ¡Empecemos el trabajo ahora mismo! ¡Manos a la obra, y a cultivar las habas! –le dijo la tortuga.

Entonces se pusieron de acuerdo sobre qué parte cultivaría cada uno, y luego enseguida se pusieron a trabajar. En el borde del terreno el chacal había escondido dos tarros, uno de miel y el otro de mantequilla.

Empezaron a labrar la tierra, y al cabo de un rato, de repente, el chacal pegó un grito, como si contestara a alguien que le estuviera llamando:

–¡Sí, sí, sí! ¡Ya voy!

–¿Quién te está llamando, M’hand? –le preguntó la tortuga.

Y el chacal le dijo:

–Me está llamando el comienzo[1].

La tortuga pensó que era el nombre de su hijo, y le dio permiso para ir a verlo un momento:

–¡Vale, vete! ¡Pero date prisa!

En cuanto el chacal se marchó, la tortuga llamó a su hermana, que se le parecía mucho, y le dijo que tenía que ayudarla para terminar lo antes posible. Mientras tanto el chacal se fue a buscar los tarros y empezó a lamer la miel y la mantequilla. Pero no se lo comió todo. Dejó los tarros por la mitad.

Al rato regresó el chacal, y la hermana de la tortuga se escondió corriendo. El chacal volvió a su faena, y después de poco tiempo volvió a gritar:

–¡Sí, sí, sí! ¡Ya voy!

–¿Se puede saber quién te está llamando ahora? –le preguntó la tortuga.

Y el chacal le contestó:

–Ahora me llama la mitad.

La tortuga, que no entendió muy bien la palabra, pensó que el chacal le había dicho algún nombre. Entonces le dijo:

–Pues vete, date prisa.

Entonces el chacal volvió a buscar los dos tarros escondidos en el borde del terreno y empezó a lamer la miel y la mantequilla hasta que quedaron solo los restos.

Mientras tanto la tortuga estaba trabajando su parte del terreno y ya no le quedaba mucho para terminar.

El chacal regresó a su trabajo. Pero llevaba mucho retraso. Solo le dio tiempo a labrar la mitad del terreno.

Pasó un rato y el chacal volvió a gritar por tercera vez:

–¡Sí, sí, sí! ¡Ya voy!

–¿Quién te está llamando, M’hand? –le preguntó.

Y el chacal respondió:

–Me están llamando los restos.

Luego se marchó a donde había escondido los dos tarros. Les quitó el tapón, introdujo la cabeza y empezó a lamer los restos de miel y de mantequilla hasta que no dejó nada de nada.

Entonces regresó y le dijo a la tortuga:

–¿Ya, has terminado?

Y ella le respondió:

–Sí, ya he acabado. Comprueba tú si has terminado o no.

Aunque él sabía de sobra que casi no había trabajado nada, el chacal echó un vistazo a su parte del terreno. Después vio lo que había cultivado la tortuga. Entonces le pareció mejor quedarse con el campo de su socia. Así que volvió la cabeza hacia la tortuga y le dijo con socarronería:

–Bueno, ¿y tú qué propones, tortuga? ¿Cómo vamos a repartirnos esto?

La tortuga, que empezaba a tener miedo de lo que pudiera hacerle el chacal, pensó que lo más prudente sería proponerle que se repartieran a partes iguales los frutos que diera su parcela. Entonces sonrió a su socio y le dijo:

–Bueno, chacal, tú y yo somos hermanos. No hay que olvidar que hemos crecido juntos…

 


[1] El comienzo: el chacal fingirá tres veces seguidas que le están llamando, y la tortuga le preguntará en cada ocasión quién le está buscando. Él responderá sucesivamente “el comienzo” (cab. mebdi), “la mitad” (cab. mnassaf) y “los restos” (cab. l’mhatest). La tortuga interpretará entonces que “comienzo”, “mitad” y “restos” son los nombres de las personas que lo llaman. Sin embargo, el chacal se refiere a la parte del tarro de mantequilla y miel que todavía le queda en el frasco. Se trata de una argucia del chacal para comer y ausentarse durante el trabajo.